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DICCIONARIO MASTER DE TERMINOLOGÍA
MUSICAL En primer lugar debemos
pedir disculpas a quienes, como nosotros, tienen la idea de diccionario como algo
voluminoso, serio, formal,
riguroso, docto y académico, infalible. Voluminoso,
éste no lo es. Y no lo es, sinceramente, porque no hemos encontrado
motivos para que lo sea. Para serlo hubiera bastado con que nos hubiéramos
extendido más ampliamente de lo que lo hemos hecho en muchos términos
ya en desuso, o nos hubiéramos detenido en datos biográficos de los
músicos que en este diccionario figuran o de otros muchos que son tenidos
por tales pero que, salvo honrosas excepciones, (Palestrina, Morales,
Guerrero, Tomás Luis de Vitoria, etc.) no eran tales músicos,
con mayúscula. Si dos
o, incluso, tres términos significan exactamente lo mismo, por ejemplo
ACÚMETRO, AUDÍMETRO y AUDIÓMETRO, ¿por qué duplicar o,
incluso, triplicar su definición en lugares distintos?. No obstante,
si bien esto puede ser cierto, no es menos cierto que un diccionario
no debe dar nada por entendido. La reiteración, pues es inevitable,
cuando no imprescindible. Cada término de un diccionario es en sí mismo
una obra al completo, como una fotografía o un chiste. No puede dejarse
de explicar algo por el hecho de que haya podido ser explicado en algún
otro lugar, ya que, en muchos casos, a pesar de una aparente igualdad,
se pueden encerrar diferencias notables. En cualquier caso, hemos tratado
de que la lectura de un determinado término sea autónomo y suficiente.
Es por ello que no prodigamos
en exceso las llamadas, si bien tampoco las descartamos por principio. Hemos procurado hacer inteligibles los términos más usuales, en la actualidad. Se trata de los conocimientos mínimos exigibles a cualquier persona, profesional o no, para hablar con propiedad el idioma de una ciencia llamada música. Siguiendo esta metodología, pongamos un ejemplo:
TEMPERAMENTO.
Afinación igualitaria de los instrumentos musicales a fin
de que sean idénticos (lo más aproximados posible) los tonos y semitonos.
En la escala natural, o pitagórica, no eran iguales todos los tonos
y semitonos. Así, los sonidos enarmónicos, por ejemplo C sostenido/D
bemol, no eran iguales, es decir, no poseían el mismo número de frecuencias.
El sistema temperado resuelve este problema unificando el número de
frecuencias para ambos sonidos a fin de que, aun denominándose de forma
desigual suenen igual. En el siglo XVI se consolida el sistema temperado
por el que se unifican las medidas de los sonidos, de tal manera que
los sonidos enarmónicos se convierten en equisonantes. Así, en el sistema
temperado, C sostenido es equisonante de D bemol, F sostenido de G bemol,
etc. Esto es lo que, en última instancia,
interesa a nuestro propósito sobre el término TEMPERAMENTO, aunque otras
consideraciones hubieran sido posibles, como las relaciones de frecuencia
de los distintos sonidos, expresados en fórmulas matemáticas, por las
que cada tono es relacionado con el
siguiente mediante un semitono cuya relación es expresada por la fórmula
1: (raíz duodécima de 2) o sea 1:1,059. (Existe una tabla denominada
Gráfico de Helmholtz que muestra matemáticamente las relaciones
de frecuencia de todos los sonidos de una escala cromática en su temperamento
desigual así como en su temperamento igualitario) En todo caso, de aquella manera, y
no así, hemos creído lograr mejor nuestro propósito. Para lograrlo no era necesario, así
lo entendimos, hacer un documento extenso sino
definir, explicar e ilustrar
todos aquellos términos que nos han parecido imprescindibles para poderse
entender en música. De no haber sido así, abríamos logrado, estamos
seguros, un diccionario bien guarnecido y no esta especie de lazarillo
de la música. Con estas pintas que acabamos de declarar,
la seriedad sería una vana, cuando no maliciosa, pretensión. Más bien
al contrario, tenemos la impresión de que es un diccionario divertido,
jocoso incluso. Siempre es mejor esbozar una
sonrisa, sin sorna, sin mordacidad. A lo peor no es una sonrisa
sino un tic o una mueca, en cuyo caso no dejará de ser serio, pero con
tic o con mueca. Pongamos, por ejemplo, la definición
y explicación de ESTADO,
que sigue. No es que la definición no sea seria.
Es que tiene una mueca: ESTADO. 1.
Estado del acorde. Un acorde,
en función del orden en que sus notas se sitúan, adopta distintas formas
o, lo que es lo mismo, se encuentra en distintos
estados. Así, si
la nota Fundamental se halla como primera nota del acorde, es decir,
como nota más grave, se dice que el acorde se encuentra en Estado Fundamental. Si, por
el contrario, la nota Fundamental se encuentra en cualquier otra situación,
se dice que el acorde está en
Estado Invertido. 2. Golpe de Estado. Entendida
la armonía como una jerarquía
de poder, Pero, como
en todo poder, incluso el más absoluto, la alternancia es posible. Puede
que se decida sustituir al frente del poder a una determinada Tónica
por otra del entorno diatónico. En este caso lo que se realiza es una
alternancia democrática en el poder, es decir, una
Modulación Introtonal. (Modulación hacia otro modo, no hacia otro
tono). Si esta
modulación se produce hacia el VIº de la escala entenderemos que la
oposición mayoritaria ha asumido democráticamente el poder, pasando
el antiguo jefe a ocupar la oposición. (Modo Mayor y Relativo menor). Si bien
el Jefe es otro, muchos de los poderes intermedios permanecen, así como
la administración y, en general, el
Sistema. Armónicamente
hablando, las notas son comunes a ambos modos, comparten la misma armadura,
etc. Si el poder
le es encomendado a cualquiera de los otros grados, éstos se verán obligados
a gobernar con la ayuda de los partidos mayoritarios, es decir, los
grados I y
VI. El IIº y
el IIIº con
la ayuda del VIº y el IVº
y el Vº con
la ayuda del Iº. El VIIº
es testimonial y no posee ningún poder fáctico. Tiene voz pero no tiene
voto. Ahora bien.
El cambio
de poder puede efectuarse no por medios democráticos sino mediante un Golpe de Estado. En él, Todos los
poderes le son arrebatados en favor de la nueva Tónica, que montará
una estructura del Estado Armónico totalmente diferente. Esta auténtica
modulación es lo que conocemos como Golpe
de Estado. Lo de formal no viene del griego sino
del más castizo de los castellanos. Queremos decir que cumple. Bueno,
con las formas sí cumple. Con lo que no cumple es con la debida formalidad
que se le debe exigir a un diccionario, por pequeño, esmirriado y lazarillo
que sea, pero que se precie. En cuanto al rigor, de no ser el científico
y el de los crudos inviernos de Ávila, no conocemos otro. Lo de docto y académico ya es harina
de otro costal. Nunca prestamos demasiada atención
a las siempre muy doctas y muy provechosas clases magistrales. Por lo tanto, trátesele de cualquier
cosa menos de docto y académico, por favor. Lo de infalible, que es quizá por
lo que más brillan todos los diccionarios,
no es, creemos, precisamente la primera de las virtudes de éste. Cuando alguien tiene una duda, del
tipo que sea, lo que trata es de resolverla consultando el diccionario. Allí
legitima su acierto (o su error), pero, en definitiva, allí legitima. Un diccionario imprime un cierto carácter. Más que consultar con un diccionario, la opinión más extendida es que se consulta el diccionario. A cualquier diccionario se le concede un valor de infalible que, creemos, no es justo en ningún caso. Después de todo no deja de ser una obra muy subjetiva, al menos por lo que a diccionarios especializados se refiere. No es un objetivo primordial de este
diccionario, según la expresión tan manida, “acercar a nadie a la música”.
Este diccionario es para los que ya se han acercado pero lo han hecho
solamente por un lado. Es posible o quizá mejor, estamos seguros de
que no es el único. Esto con independencia del objetivo fundamental
que es: el aprendizaje de sus autores. No hemos tenido nunca en cuenta consideraciones
eclécticas. Tratar de conciliar consideraciones irreconciliables es
vano intento y una lamentable pérdida de tiempo. Ponerse en medio de
dos formas de ver un problema cuando la opinión personal es que ambas
son falsas es conceder la mitad del favor a un error y la otra mitad
al otro. Eclecticismo es ponerse en medio de dos bandos que disparan
el uno contra el otro. Lo normal es que el ecléctico reciba el castigo
de uno y otro bando. Alinearse con la verdad personal es adquirir compromisos,
justamente lo contrario del eclecticismo. En arte, al menos en el arte de la
música, todo es legítimo. No existe el error. Cuando de ciencia se trata,
y la música lo es, bastante trabajo es el empeño de aproximarse. Lo que sí respeta a ultranza este
diccionario es el orden. Organizar los contenidos por materias,
en música, es bastante complicado, ya que todos los términos están muy
relacionados. Por lo tanto, las palabras, una detrás de otra y en riguroso
orden alfabético. Ello conlleva algún que otro riesgo.
Es fácil reiterar expresiones o definiciones aunque, por fortuna, en
música, cada término es lo que es y difícilmente posee otra palabra
que signifique exactamente lo mismo. Salvo contadas excepciones (una podría
ser los términos enarmónico y
equisonante), en música, como por otra
parte sucede en el lenguaje literario, los términos poseen matices y
exigen definiciones diferenciadas. A veces hemos optado
por denominaciones que, aun no siendo las más académicas, sí representan
un mejor (al menos un común) entendimiento, sin que con ello induzcamos
al error. Por ejemplo, en no pocas ocasiones
denominamos Nota a lo que, quizá más académicamente debería denominarse
Figura. Otro caso sería aquél en el que denominamos
Sonido a lo que quizá, en un determinado caso, debiera ser llamado Nota o incluso Tono. No
es de extrañar, pues, que, según este razonamiento, utilicemos indistintamente
Pentatónica o Pentáfona o Pentátona para referirnos
a la escala de cinco sonidos. Hemos optado por la denominación que
mejor haya podido acercarse al sentido, entendimiento y comprensión
deseables. A Hemos de reconocer, una vez más, que
el fin con el que este diccionario ha sido escrito no es excesivamente
ambicioso. Ha sido escrito para el aprendizaje de sus autores.
Si, además de ellos, algún lector aprende algo, tanto mejor. Los que no sepan de música pueden
leerlo. Con un poco de suerte, a lo mejor, les entra la curiosidad de
aprender. También pueden leerlo los que saben.
Siempre es posible aprender, incluso de los errores de los demás. En Música, como puede suceder en Matemáticas
o en Astronomía, los niveles de conocimientos que las personas tenemos
son relativos. Con independencia de la valoración de estos conocimientos,
existen unos mínimos que, hipotéticamente, podrían ser exigibles. Así,
entender en su más profunda acepción y aplicar hasta en sus últimas
consecuencias el Teorema de Pitágoras o el Principio de Arquímedes no
es cosa que esté o, incluso, deba estar al alcance de todas las personas,
por más deseable que esto pudiera ser. Sin embargo, su planteamiento
y las aplicaciones prácticas inmediatas sí pueden ser de uso común. Este diccionario responde a esta teoría.
Su nivel de conocimientos es relativo. Refiere una idea sustancial de
las cosas de Habida cuenta de la experiencia, recomendamos, a quien desee saber algo sobre algo, que se ponga a escribir un diccionario sobre ello. Es posible que no logre el mejor de los diccionarios, pero, con seguridad, aprenderá muchísimo. Se lo podemos asegurar, por experiencia. Como ya hemos dicho, hemos expresamente
eliminado de este diccionario gran cantidad de términos que, en muchos
casos, eran utilizados en épocas pasadas, (muchos datan de Curiosamente contradictorios resultan
ser este arte y esta ciencia. Por una parte es difícil, por no decir
imposible, inventar algo. Pero, por otra parte, cada cosa nueva que
se hace es, sin pretenderlo ni aun desearlo, un invento. Cuando alguien,
por ejemplo, se sienta delante de un piano es imposible que se sustraiga
a la invención. La justificación del título es fácil:
sencillamente lleva el nombre que nos parecido más agraciado. Con él
hace referencia y alusión a PIANO
MASTER. Método de piano y armonía moderna. Es fácil entender que se denomine
de música y no de la música. Quizá, con
más propiedad debería denominarse de música occidental
y, posiblemente aún con más propiedad, de música de algunas partes
de occidente. Existen muchas músicas y no una sola
música. Cierto es que la materia prima con que todas las músicas son
elaboradas es la misma: el sonido. Sin embargo, la forma de tratarlo,
desde los tres puntos de vista posibles para constituir música
(melodía, armonía y ritmo) hacen de la música una ciencia y arte complejos
y múltiples, permitiendo el nacimiento de muy variadas formas, sistemas
y denominaciones a tan sólo unos kilómetros e incluso a tan sólo unos
metros. Lógicamente los Estados Unidos de
América (alguna parte de los Estados Unidos de América), así como Europa
y las Rusias (alguna parte de Europa y las Rusias), no son ni aun la
síntesis de Tanto es así que, salvo raras excepciones,
no podrán encontrarse en él términos que no pertenezcan a la jerga musical
de occidente. Ello no quiere decir que no existan otras jergas. ¿Qué
ha sucedido, qué sucede en lugares
tan sólo un poco más allá del estrecho de Gibraltar, por no hablar de
China, Japón, o Malasia? Quiere decir simplemente que este
diccionario no se ocupa de ellas, no por falta de valor o interés, sino,
sobre todo, porque nuestros conocimientos no soportarían el más elemental
examen. Es cierto que nada tan importante,
a nuestro entender occidental, como la aparición y desarrollo del Jazz
en el siglo XX. Nada tan trascendente, al menos, insistimos, desde nuestro
entender occidental, como el siglo XIX en centro-europa. En este sentido, cuando en este diccionario
se alude, por ejemplo, y con carácter no excluyente, a Siendo como es la música el más universal
de los lenguajes, es evidente,
y salta a la vista que lo que en este diccionario se trata es una versión
occidentalizada de la misma. En muchos casos llega a ser más restringida
esta occidentalización y limita su dominio a los Estados Unidos, Italia,
Francia, Alemania, Austria, España y poco más. Suponemos que los medios de difusión
occidentales han logrado borrar otros muchos lenguajes musicales que
no sean los promocionados desde occidente. Con o sin motivo, nuestra cultura
musical es la única que entendemos como tal cultura. El resto
de las culturas musicales son testimoniales, residuales, étnicas.
Con o sin motivo, estas culturas no han logrado, salvo casos de modas
muy puntuales y efímeras, disponer nuestra atención hacia ellas. Para
mal, la música está dominada por la concepción occidental y este diccionario
no escapa a este dominio. ESTRUCTURA
Este diccionario gira
en torno a varios centros de interés: 1.- LENGUAJE MUSICAL Todos los términos del Lenguaje Musical
que lo requieren son definidos,
explicados e ilustrados,
como muestra el ejemplo siguiente: CORCHEA. Figura
musical que dura la mitad de una negra. No siempre
las corcheas se han interpretado e interpretan de la misma manera. El siguiente
ejemplo muestra distintas formas
de interpretar las corcheas, en diferentes estilos.
La música, como muchas
otras ciencias, utiliza un lenguaje específico denominado, en este caso,
Lenguaje Musical. Lamentablemente, este lenguaje procede, en muchas
ocasiones, de tiempos muy remotos. Desconocemos si cuando ciertos términos
se introdujeron en la jerga musical eran o no inteligibles para las
mayorías menos cualificadas. Nos tememos que no. Posiblemente respondía
más bien a los conocimientos e intereses de la gente culta, musicalmente
hablando. El hecho de que la música sea una
ciencia no supone inevitablemente que su terminología haya de ser científica. Nosotros somos partidarios de llamar
a las cosas por su nombre pero, si ello es posible, por el nombre que
sea más fácil y asequible. Si un músico (musicólogo) quiere que
su interlocutor no le entienda absolutamente nada, de no ser éste un
experto, puede hacerlo. Ahora bien, si un
musicólogo quiere que su interlocutor le entienda, aun sin ser
un experto, también puede hacerlo. Ese es nuestro método. Que dos sonidos suenen igual, aunque
su pronunciación o enunciado sea distinto, es perfectamente asumible,
incluso por un profano. Mucho
más complicada es la equisonancia, y mucho más aún, la enharmonía. En música, muchas cuestiones son difíciles
de comprender, incluso para los expertos. Si, además, nos empeñamos
en utilizar un lenguaje que las compliquen aún más, apaga y vámonos. Otras muchas disciplinas, además de
la música, podrían resultar mucho más fáciles y serían abordadas por
mucha más gente, de no ser deliberadamente complicadas. Pues bien. Entendemos
que esto no debe ser así. El experto tiene suficientes ocasiones de
lucimiento, sobre todo si se dedica a investigar la manera de hacer
fácil lo que ya de por sí es difícil. Bien es cierto que el Lenguaje
Musical ha evolucionado y está evolucionando sensiblemente en un
afán, absolutamente necesario e imprescindible, de adaptarse a la tecnología
musical, sobre todo la electrónica y la informática. Aún así, la cultura
oficial va muy muy por detrás de las realidades musicales. Bien es cierto que muchos términos
del Lenguaje Musical, como explicaremos, han sido, después de definidos,
eliminados de nuestra jerga, por no tener ninguna utilidad práctica.
No obstante, otros términos permanecen aunque su denominación posea
un más que dudoso sentido musical. Por ejemplo, armadura de
la tonalidad, bien podría denominarse de manera menos belicista
y más acorde con la música y los tiempos que corren. (Signos, accidentes,
formalidad, forma, etc. etc.) Existen no pocos términos en este
diccionario que, una vez definidos, llevan el siguiente icono: (una
papelera pequeñita). Significa que son términos en desuso y que, conocidos,
pueden ser «tirados» a la papelera ya que su uso resulta anacrónico
y obsoleto. A este apartado pertenecen términos como Espineta, Fídula,
Sacabuche, Serpentón, Letanía, Ite, Folía, Estampida, etc. etc. Gran cantidad de estos términos son
Formas Musicales que se emplearon antiguamente, pero que hoy no tienen ninguna virtualidad (madrigal,
giga, galop, gallarda, frottola......) Otros mucho pertenecen a instrumentos
que ya no se utilizan, salvo que no sea de una forma testimonial (flageolet,
manicordio, zanfoña, saltarello.....) Pero también hay términos que hacen
referencia al Lenguaje Musical y que, o
bien no existe el objeto de la definición, (organum),
o bien existe una definición actualizada (diesis) 2.
SOCIOLOGÍA DE Entendemos por sociología de la música
todos aquellos términos que, aun no perteneciendo específicamente al
Lenguaje Musical o a cualquiera otra disciplina relacionada con la música,
están tan íntimamente relacionados con ella que, sin su conocimiento,
resultaría imposible entender ciertos aspectos estrictamente musicales.
A este apartado pertenecen términos como Ars Nova, Romanticismo, Storyville,
Calle 52 o Mujer. 3.
HISTORIA DE Así, consideramos tan reseñable y
partícipe de Una Historia de Cuando se trata a la música solamente
desde el punto de vista musical, sin ninguna otra connotación extramusical,
es decir, la música por la música,
los hechos musicales por los hechos musicales,
resulta difícil, por no decir imposible,
ser parcial o sectario. Los intereses doctrinales no le van
bien a la música. Siempre se ha resistido a ser guiada por otros lenguajes. Cuando la música es así tratada da
exactamente igual que el músico sea blanco, negro, hombre, mujer, chino,
americano, fascista, comunista, católico, musulmán… da exactamente igual.
Para nosotros es sencillamente compositor, pianista, baterista, saxofonista
o lo que, musicalmente, sea. Nadie, a no ser un racista, en el
peor sentido de la palabra, si es que la palabra pudiera tener algún
sentido mejor, nadie, decimos, se pararía a escuchar o rechazar la música
de Benny Goodman o Herbie Hancock por el hecho de ser blanco aquél o
negro éste. ¿A quién, musicalmente hablando, le puede importar que Palestrina o Antonio Soler fueran católicos? ¿Quién, escuchando ¿Quién discutirá la perfección de
las obras de Mozart o Haydn por el hecho de que fueran masónicos? ¿Quién no se conmoverá con el saxo
de Charlie Parker, la trompeta de Chet Baker o la voz desgarrada de
Billie Holiday, después de saber que eran adictos a la heroína? Cuando alguien, y, lamentablemente,
aún a principios del siglo XXI los hay, habla del Jazz,
despectivamente, como música de negros, está cometiendo: 1.- Una tremenda injusticia social
al adjudicar lo que, por inculto, entiende que es cosa de baja calidad,
sencillamente no le gusta o, lo que es peor, aun gustándole y sabiendo
que es de grandísimo valor artístico, lo desprecia porque no entra en
su esquema cultural, político, cívico, religioso, etc. 2.- Una tremenda demostración de ignorancia,
al adjudicar a los negros lo que realmente no es solamente
de los negros, sino de todas las razas. Sería innecesario recordar
aquí tantos monstruos del Jazz, negros, blancos, orientales, mestizos,
etc, etc. La siguiente lista de nombres, con carácter no excluyente,
pertenece a músicos de Jazz blancos: Infinidad de pianistas como Bill Evans, Gil Evans, Horace Silver, Chick Corea, Michel Petruchianni, Joe Zawinul, Keith Jarrett, Dave Brubeck, Lennie Tristano, Django Bates, Stan Kenton, Henry Ragas, Elian Elías, etc, etc. Bateristas como Gene Krupa,
Johnny Outha Stein y Tony Sbarbaro. Saxofonistas como Frankie Trumbauer,
Tommy Dorsey, Gerry Mulligan, Ruby
Braff, Lee Konitz, Stan Getz, Jan
Garbarek, Art Pepper, Paul Desmond,
Joe Lovano, Michael Brecker. Clarinetistas
Cantantes como Judy Garland,
Diane Schuur, Anita O/Day
o Diana Krall. Trompetistas como Bix Beiderbecke,
Chet Baker o Dominic Guitarristas como Django Reinhardt,
John Mclaughlin, Pat Metheny, Billy
Bauer o Eddie Condon. Contrabajistas como Charlie
Haden o Eddie Safransky. Trombonistas como Edwin Eddie
Edwards. 3.- Un enorme desconocimiento del
desarrollo cultural del siglo XX, sobre todo, precisamente en occidente
y, con independencia de los Estados Unidos, en América y Europa. Aún así, elegir hay que elegir y,
lógicamente, el criterio de elección no ha de ser el mismo para todo
el mundo, sin que para nada tenga que influir en la decisión el gusto
personal. En este caso, desde luego, no ha influido. La relación de músicos podía ser otra.
Como inevitablemente ha de ser una, ésta es la que nos ha parecido la mejor. La parquedad con la que,
en la inmensa mayoría de los casos, hemos tratado a
los músicos, como sujetos de la historia de la música, nos ha
impedido entrar en aspectos de tipo biográfico u otros que, con seguridad,
aportarían una visión mucho más amplia y completa de los aspectos puramente
musicales. Hemos resistido a la tentación para ser consecuentes con
nuestro deseo de que el diccionario no se convirtiera en una obra voluminosa.
No cabe duda de que las anécdotas
que rodean la vida de Robert Schumann o Louis Armstrong tienen mucho
que ver con que su estilo de hacer música fuera el que fue y no otro. Sin embargo, nosotros no, pero el
lector sí puede paliar esta deficiencia tratando de conocer más que
su vida su música. Pedimos disculpas a todos aquellos,
seguramente grandiosos músicos, que se han quedado fuera de esta convocatoria. A todos ellos, cientos, miles de músicos,
que aquí no figuran, les queremos rendir el mejor de los tributos que
se nos ocurre: Gracias por la
música. La música no es de quien de ella se
sirve sino de quien a ella sirve, como
el deporte no es de quien gana, sino de quien juega. Al lector le queremos hacer una recomendación: La mejor manera de saber quién es
un músico es oír su música.
Oigan todo lo que puedan de todos
los músicos que aquí figuran, así como de los que no figuran. Será la
mejor forma de crearse su propio criterio que, artísticamente, no puede
ser otro que el del gusto personal. Hemos tratado conscientemente de ofrecer
abundante información sobre intérpretes del saxo, sin detenernos mucho
en si se trata de saxo tenor, barítono, soprano, alto, bajo, etc. Nos parece un elemento destacado como
intérprete de la melodía, una de las tres connotaciones esenciales de
la música. (Podríamos, quizá, haber elegido el violín, el clarinete
u otro instrumento, pero hemos elegido el saxo) Otra de las connotaciones de la música
es la que, armónicamente, los pianistas desarrollan, como actividad
indisociable de la creación. Sobre ellos existe, igualmente, abundante
información. Por fin, y sin que ello suponga descuido
de otras actividades, los bateristas, en cuanto portadores de ritmo,
gozan de un amplio espacio. Una gran parte de los nombres de los
músicos que en este diccionario figuran no corresponden realmente a
sus propios nombres. En muchos casos son pseudónimos que ellos mismos
han adoptado. Así, encontraremos el nombre de MEZZROW,
Mezz y no el de MESIROW,
Milton, que era su auténtico nombre. En otros casos, respetando el apellido,
abrevian sus nombres, como es el caso de Russ Freeman (Russell
Donald Freeman) En otros son conocidos por sus apodos,
como son los casos de SATCHMO o
BIRD Nuestro procedimiento para identificarlos
es el siguiente: 1. Figurará siempre por el nombre
por el que artísticamente es conocido. Así, Edward Kennedy figurará
como ELLINGTON
Duke, nombre por el que todo el mundo reconoce al pianista
y director de orquesta. 2. Cuando, como en el caso anterior,
o en el caso de MONTOLIU, Tete (Vicente)
sea un sobrenombre y no su auténtico nombre, lo distinguiremos
con un subrayado. 3. Finalmente, si su apellido es el
usado en este diccionario y su nombre abreviado, sencillamente haremos figurar su apellido en letras negras,
cursivas y mayúsculas, mientras que su nombre lo destacaremos en letras
negras y cursivas, pero minúsculas.
Por ejemplo ALEXANDER, Monty. 4.
ACÚSTICA Tratamos en este apartado, como su
propio nombre deja deducir, todo lo relativo al sonido desde el punto
de vista físico, tanto por lo que se refiere a la producción como a la propagación,
así como a la recepción. En cualquier caso tratamos de evitar
tecnicismos que estarían fuera del objetivo de este diccionario, para,
allí donde es posible, vincular la
definición a los aspectos artísticos
o, en todo caso, científicos, del Lenguaje Musical. Así, por ejemplo, el término INTERVALO, podría, legítimamente, ser
considerado exclusivamente desde el punto de vista de la acústica, ya
que, en su origen, se trata de una medición física del sonido. Sin embargo, por tratar
de ser consecuentes con lo que acabamos de decir, no ha sido considerado
exclusivamente, aunque también, por sus connotaciones físicas, sino,
y sobre todo, por las consecuencias que estas connotaciones tienen sobre
el arte de la música. Otros casos existen en los que no
es posible extraer conclusiones artísticas. Del
término Cent, por ejemplo, no se pueden extraer,
a primera vista, excesivas correspondencias artísticas. Es un término
típicamente relativo a la acústica musical o, en todo caso a la electrónica
musical, otro de los epígrafes de este diccionario.
5.
INFORMÁTICA MUSICAL Todos los procedimientos o sistemas
informáticos puestos al servicio del músico utilizan un lenguaje propio.
Este diccionario incluye la terminología de todos estos procedimientos.
En la medida en que evolucionan los
sistemas evoluciona también su lenguaje. Hoy por hoy, la terminología
necesaria para entenderse en informática musical se encuentra
en este diccionario no como apéndice o anexo, sino dentro del propio
concepto de Lenguaje Musical al que, por derecho propio,
pertenece. 6.
FONOTECA Nos gustaría que cuando alguien se
acerque a un término pudiera ubicarlo no solamente en el tiempo y en
el espacio, cosa que debería conseguir con alguno de los epígrafes anteriores,
sino que además pudiera ubicarlo en el oído. El término gregoriano, por ejemplo, creemos, queda suficientemente definido en
aquello que le es esencial: GREGORIANO. Canto gregoriano. Repertorio
de melodías creadas por El canto
gregoriano consistía en dos tipos de melodías. Uno destinadas a las
distintas partes de la misa, el
Gradual y otro, destinadas a otras celebraciones u oficios, el Antifonario. (Dos grupos cantores
se responden alternativamente) El gregoriano
nace de la necesidad de unificar el canto en el seno de la iglesia católica. Esta unificación del canto religioso se difunde
rápidamente por toda Europa, aunque de forma desigual. Mientras que
en países como Francia o Alemania logra implantarse sin dificultad,
en otros lugares como Milán y, sobre todo España, encuentra muchas dificultades
al encontrarse muy arraigadas otras formas como el
canto ambrosiano en Milán
y el canto mozárabe en España. El canto
gregoriano perdura de forma total e inalterada durante toda Esta pretendida
reforma, llevada a cabo por Palestrina y Zoilo, a raíz del Concilio
de Trento, venía motivada por la influencia cada vez más creciente de
las formas polifónicas y la música mensural, formas musicales en franca
oposición al canto gregoriano. A mediados
del siglo XIX se produce, o al menos se intenta, una restauración del
canto gregoriano. Esta restauración la inician los monjes del monasterio
de Solesmes y la culmina Pío X. El Concilio
Vaticano II marca el final de una tradición por lo que se refiere a
los textos, al establecer el uso sistemático de las lenguas vernáculas
en el culto católico, en detrimento del latín, lengua para la que el
canto gregoriano fue creado. Desde el
punto de vista exclusivamente técnico, el canto gregoriano instituye
sus propias normas con respecto a la melodía, la medida, la modalidad
y el texto. La melodía,
en su conjunción con el texto, se realiza de tres maneras: El sistema silábico hace coincidir cada
sílaba del texto con una nota. En el sistema neumático, cada sílaba se conjuga
con un pequeño número de notas. En el sistema melismático a cada sílaba le corresponde
un grupo amplio de notas. El canto
gregoriano concede todo el interés de la frase musical a una sola voz
(monodia), por oposición a la polifonía, que concede igual importancia
a varias voces. El canto
gregoriano no prevé una forma definida de medir los tiempos, aunque
sí un cierto tipo de ritmo, logrado mediante la acentuación de determinadas
notas. Se trata de una música no
mensural. La modalidad,
es decir, el sistema estructurado de tonos y semitonos, responde a la
adopción de los antiguos modos griegos, denominados, ahora, modos gregorianos
o eclesiásticos. El texto
responde al culto católico y su idioma es el
latín. Obviamente, si alguien desea una mayor
información técnica o un estudio más profundo sobre este término, deberá
recurrir a manuales especializados, que los hay, ya que no es propósito
de este diccionario. Lo hemos ubicado en el tiempo y en
el espacio. Hemos expuesto, sucintamente, el fondo y la forma del mismo.
Ahora bien. Algo quedaría para llegar a un conocimiento
más ajustado, real y práctico del canto gregoriano: oírlo. Mire: El Dixieland
Style es una música de ritmo sincopado. Ah! Muy bien, pero qué más. Bueno: su característica principal es la improvisación.
Ah! Eso es estupendo, pero qué más. Eh
...!: improvisación colectiva, claro! Ah, increíble!, pero qué más. Mire!: improvisación colectiva de tres instrumentos: el
trombón, la trompeta y el clarinete! Ah! En ese caso ya ... Me temo que le será imprescindible oír alguna canción de
Este apartado de Las recomendaciones no dejarán de
ser eso: recomendaciones. Sabemos que es una cuestión muy delicada.
Los gustos pueden ser, y de hecho son, tan variados como obras pueden
existir de un mismo estilo. Si, por ejemplo, hablamos de Swing, con independencia de su conocimiento
teórico, creemos que lo mejor, para fijarlo, sería escuchar una obra de una de las muchísimas orquestas
norteamericanas de los años 30. Dilucidar sobre la más genuina y representativa
sería misión imposible. Las orquestas de Stan Kenton, Woody Herman,
Glenn Miller, Artie Shaw, Paul Whiteman, Count Basie o Benny Goodman,
etc. etc., son todas ellas absolutamente representativas y recomendables.
Escuchando a cualquiera de ellas se fijará ineludiblemente el Swing que todas ellas poseen. Este trabajo de FONOTECA lo haremos
con muchísimos términos, tantos como aspectos esenciales, periodos,
estilos, instrumentos, formas, etc. etc. de la música sean tratados. A título no excluyente recomendaremos
audiciones de músicas con términos como:
Aleatoria – Anatole - Antigua – Arabesco – Aria – Arpa – Bacalao
– Bailable – Balada – Bandurria – Banjo -
Barroca - Batería – Bebop
– Blues – Bolero - Boogie Woogie - Bossa
– Broadway – Cantata – Cantautor – Cine -
Clarinete - Clave – Clasicismo – Concierto – Contrabajo - Cool Jazz -
Coral - Corneta – Cortesana
– Country – Cuarteto – Cumbia - Descriptiva – Dixieland–Jazz – Dodecafonismo
- Dramática - Escolástica - Espiritual
- Estocástica - Estudio – Expresionismo
- Fado - Fagot - Fandango - Flamenco
- Flauta - Foxtrot - Free Jazz
- Fuga - Fusión – Galante - Gospel
- Gregoriano -
Guitarra - Habanera –
Hard – Bop - Himno - Honky Tonk – Impresionismo -
Impromtu - Infantil -
Instrumental - Jazz – Laúd - Lied
- Ligera - Litúrgica – Mainstream Jazz
- Mambo - Manierismo – Marimba
- Mazurca – Melodrama - Merengue - Messangers - Midle Jazz - Militar
- Milonga - Misa - MJQ - Modernismo – Mozárabe - Nacionalismo - Neoclasicismo - New Way - Nocturno
- Ópera - Oratorio - Oriental - Pasodoble – Piano -
Polifonía - Pop - Postromanticismo – Programática -
Ragtime - Rap - Religiosa - Renacimiento - Rhythm and Blues - Riggae - Rock and Roll - Rococó
- Romanticismo - Rumba - Salsa - Samba
– Saxofón - Serial - Simbolismo
- Sinfonía - Sonata – Soul - Soul
Jazz - Suitte - Swing - Tango - Third Stream – Tocata -
Tradicional - Trombón - Trompeta – Tuba - Vanguardista - Variación - Vibráfono - Villancico
- Voz - West Coast Jazz - Xilófono
- Zarzuela. BIBLIOGRAFÍA En música está casi todo escrito y
a la vez está casi todo por escribir. Este diccionario, ni dice nada
que no esté dicho, ni, lo que es lo mismo, pero más grave, no dice nada
que falte por decir, a pesar de que es mucho. Sin embargo, y a pesar de todo ello,
ha habido que consultar no pocos diccionarios, no pocos libros de otro
tipo, no pocas revistas, no poco internet, no pocas películas y, sobre
todo, no poco lenguaje común, en la calle, en las salas de ensayo, en
los conciertos, en las discotecas, en la radio, en la televisión, en
los periódicos, etc. El primero de los diccionarios consultados,
curiosamente, no de música, ha sido el Diccionario Ideológico de D.
Julio Casares. No podía imaginar el Sr. Casares el
enorme servicio que iba a prestarnos. Las palabras que siguen son suyas: “No es
lo más urgente - decía yo en
1.921- siquiera sea muy útil para determinados fines,
disponer de un libro que nos enseñe a comprender lo escrito o entender
lo escuchado. Lo verdaderamente necesario, lo que todos echamos menos
a cada paso es un procedimiento mediante el cual se faciliten las operaciones
activas del lenguaje, algo que, cuando llegue el caso, nos ayude a hablar,
a escribir y también a pensar…” Hemos sostenido siempre que los problemas
de entendimiento y comprensión, en la inmensa mayoría de los casos,
no son problemas específicos sino problemas genéricos del lenguaje. La terminología musical no está exenta
de esta particularidad. Lo primero que nos propusimos, pues,
fue solucionar los problemas de lenguaje. Es evidente que el conocimiento lingüístico
de las palabras síncopa, tético, acéfalo o anacrúsico facilitará
el entendimiento de su significado en el Lenguaje Musical. La ayuda de este diccionario ha sido,
pues, muy estimable. Otros varios diccionarios específicos
se han manejado, entre ellos el de Don Randel, Grove, Mariano Pérez,
Valls Gorina, etc. Todos ellos tienen sobradas referencias en éste.
Una referencia obligada y muy muy
especial a Carlos Sampayo y Federico González, así como a Philippe Carles,
André Clergeat y Jean-Louis Comolli, autores del Diccionario
del Jazz de Anaya & Mario Muchnik. |