DICCIONARIO MASTER DE TERMINOLOGÍA MUSICAL

 

En primer lugar debemos pedir disculpas a quienes, como nosotros, tienen la idea de diccionario como algo voluminoso, serio, formal, riguroso, docto y académico, infalible.

 

Voluminoso, éste no lo es. Y no lo es, sinceramente, porque no hemos encontrado motivos para que lo sea. Para serlo hubiera bastado con que nos hubiéramos extendido más ampliamente de lo que lo hemos hecho en muchos términos ya en desuso, o nos hubiéramos detenido en datos biográficos de los músicos que en este diccionario figuran o de otros muchos que son tenidos por tales pero que, salvo honrosas excepciones, (Palestrina, Morales, Guerrero, Tomás Luis de Vitoria, etc.) no eran tales músicos, con  mayúscula.

 

Si dos o, incluso, tres términos significan exactamente lo mismo, por ejemplo ACÚMETRO, AUDÍMETRO y AUDIÓMETRO, ¿por qué duplicar o, incluso, triplicar su definición en lugares distintos?. No obstante, si bien esto puede ser cierto, no es menos cierto que un diccionario no debe dar nada por entendido. La reiteración, pues es inevitable, cuando no imprescindible. Cada término de un diccionario es en sí mismo una obra al completo, como una fotografía o un chiste. No puede dejarse de explicar algo por el hecho de que haya podido ser explicado en algún otro lugar, ya que, en muchos casos, a pesar de una aparente igualdad, se pueden encerrar diferencias notables. En cualquier caso, hemos tratado de que la lectura de un determinado término sea autónomo y suficiente. Es por ello que no  prodigamos en exceso las llamadas, si bien tampoco las descartamos por principio.

 

Hemos procurado hacer inteligibles los términos más usuales, en la actualidad. Se trata de los conocimientos mínimos exigibles a cualquier persona, profesional o no, para hablar con propiedad el idioma de una ciencia llamada música.

 

Siguiendo esta metodología, pongamos un ejemplo:

 

TEMPERAMENTO. Afinación igualitaria de los instrumentos musicales a fin de que sean idénticos (lo más aproximados posible) los tonos y semitonos. En la escala natural, o pitagórica, no eran iguales todos los tonos y semitonos. Así, los sonidos enarmónicos, por ejemplo C sostenido/D bemol, no eran iguales, es decir, no poseían el mismo número de frecuencias. El sistema temperado resuelve este problema unificando el número de frecuencias para ambos sonidos a fin de que, aun denominándose de forma desigual suenen igual. En el siglo XVI se consolida el sistema temperado por el que se unifican las medidas de los sonidos, de tal manera que los sonidos enarmónicos se convierten en equisonantes. Así, en el sistema temperado, C sostenido es equisonante de D bemol, F sostenido de G bemol, etc.

Esto es lo que, en última instancia, interesa a nuestro propósito sobre el término TEMPERAMENTO, aunque otras consideraciones hubieran sido posibles, como las relaciones de frecuencia de los distintos sonidos, expresados en fórmulas matemáticas, por las que cada tono es relacionado con  el siguiente mediante un semitono cuya relación es expresada por la fórmula 1: (raíz duodécima de 2) o sea 1:1,059. (Existe una tabla denominada Gráfico de Helmholtz que muestra matemáticamente las relaciones de frecuencia de todos los sonidos de una escala cromática en su temperamento desigual así como en su temperamento igualitario)

En todo caso, de aquella manera, y no así, hemos creído lograr mejor nuestro propósito.

 

Para lograrlo no era necesario, así lo entendimos, hacer un documento extenso sino  definir, explicar e ilustrar todos aquellos términos que nos han parecido imprescindibles para poderse entender en música. De no haber sido así, abríamos logrado, estamos seguros, un diccionario bien guarnecido y no esta especie de lazarillo de la música.

 

Con estas pintas que acabamos de declarar, la seriedad sería una vana, cuando no maliciosa, pretensión. Más bien al contrario, tenemos la impresión de que es un diccionario divertido, jocoso incluso. Siempre es mejor esbozar una  sonrisa, sin sorna, sin mordacidad. A lo peor no es una sonrisa sino un tic o una mueca, en cuyo caso no dejará de ser serio, pero con tic o con mueca.

 

Pongamos, por ejemplo, la definición y explicación de ESTADO, que sigue.

No es que la definición no sea seria. Es que tiene una mueca:

 

ESTADO.  1. Estado del acorde.

Un acorde, en función del orden en que sus notas se sitúan, adopta distintas formas o, lo que es lo mismo, se encuentra en distintos estados.

Así, si la nota Fundamental se halla como primera nota del acorde, es decir, como nota más grave, se dice que el acorde se encuentra en Estado Fundamental.

Si, por el contrario, la nota Fundamental se encuentra en cualquier otra situación, se dice que el acorde está en Estado Invertido.

 

2. Golpe de Estado.

Entendida la armonía como una  jerarquía de poder, la Tónica, y sus acordes, serían el Jefe del Estado Armónico.

La Tónica, como Jefe, es la referencia de todo el Sistema Armónico. A ella se supeditan todas las funciones de Subdominante, Dominante, ordenamiento melódico, sistema interválico, etc. etc.

Pero, como en todo poder, incluso el más absoluto, la alternancia es posible. Puede que se decida sustituir al frente del poder a una determinada Tónica por otra del entorno diatónico. En este caso lo que se realiza es una alternancia democrática en el poder, es decir, una Modulación Introtonal. (Modulación hacia otro modo, no hacia otro tono).

Si esta modulación se produce hacia el VIº de la escala entenderemos que la oposición mayoritaria ha asumido democráticamente el poder, pasando el antiguo jefe a ocupar la oposición. (Modo Mayor y Relativo menor).

Si bien el Jefe es otro, muchos de los poderes intermedios permanecen, así como la administración y, en general, el  Sistema.

Armónicamente hablando, las notas son comunes a ambos modos, comparten la misma armadura, etc.

Si el poder le es encomendado a cualquiera de los otros grados, éstos se verán obligados a gobernar con la ayuda de los partidos mayoritarios, es decir, los grados  I  y  VI. El  IIº  y  el  IIIº  con la ayuda del   VIº  y el  IVº   y el    con la ayuda del  Iº.

El VIIº es testimonial y no posee ningún poder fáctico. Tiene voz pero no tiene voto.

Ahora bien.

El cambio de poder puede efectuarse no por medios democráticos sino mediante un Golpe de Estado. En él, la Tónica es sustituida de forma violenta por otra Tónica, que no se encuentra en el entorno diatónico  sino cromático.

Todos los poderes le son arrebatados en favor de la nueva Tónica, que montará una estructura del Estado Armónico totalmente diferente.

Esta auténtica modulación es lo que conocemos como Golpe de Estado.

 

Lo de formal no viene del griego sino del más castizo de los castellanos.

Queremos decir que cumple. Bueno, con las formas sí cumple. Con lo que no cumple es con la debida formalidad que se le debe exigir a un diccionario, por pequeño, esmirriado y lazarillo que sea, pero que se precie.

 

En cuanto al rigor, de no ser el científico y el de los crudos inviernos de Ávila, no conocemos otro.

 

Lo de docto y académico ya es harina de otro costal.

Nunca prestamos demasiada atención a las siempre muy doctas y muy provechosas clases magistrales.

Por lo tanto, trátesele de cualquier cosa menos de docto y académico, por favor.

 

Lo de infalible, que es quizá por lo que más brillan todos los diccionarios,  no es, creemos, precisamente la primera de las virtudes de éste.

Cuando alguien tiene una duda, del tipo que sea, lo que trata es de resolverla consultando el diccionario. Allí legitima su acierto (o su error), pero, en definitiva, allí legitima.

Un diccionario imprime un cierto carácter.

Más que consultar con un diccionario, la opinión más extendida es que se consulta el diccionario.

A cualquier diccionario se le concede un valor de infalible que, creemos, no es justo en ningún caso. Después de todo no deja de ser una obra muy  subjetiva, al menos por lo que a diccionarios especializados se refiere.

No es un objetivo primordial de este diccionario, según la expresión tan manida, “acercar a nadie a la música”. Este diccionario es para los que ya se han acercado pero lo han hecho solamente por un lado. Es posible o quizá mejor, estamos seguros de que no es el único. Esto con independencia del objetivo fundamental que es: el aprendizaje de sus autores.

No hemos tenido nunca en cuenta consideraciones eclécticas. Tratar de conciliar consideraciones irreconciliables es vano intento y una lamentable pérdida de tiempo. Ponerse en medio de dos formas de ver un problema cuando la opinión personal es que ambas son falsas es conceder la mitad del favor a un error y la otra mitad al otro. Eclecticismo es ponerse en medio de dos bandos que disparan el uno contra el otro. Lo normal es que el ecléctico reciba el castigo de uno y otro bando. Alinearse con la verdad personal es adquirir compromisos, justamente lo contrario del eclecticismo.

En arte, al menos en el arte de la música, todo es legítimo. No existe el error. Cuando de ciencia se trata, y la música lo es, bastante trabajo es el empeño de aproximarse.

 

Lo que sí respeta a ultranza este diccionario es el orden.

Organizar los contenidos por materias, en música, es bastante complicado, ya que todos los términos están muy relacionados. Por lo tanto, las palabras, una detrás de otra y en riguroso orden  alfabético.

Ello conlleva algún que otro riesgo. Es fácil reiterar expresiones o definiciones aunque, por fortuna, en música, cada término es lo que es y difícilmente posee otra palabra que signifique exactamente lo mismo.

Salvo contadas excepciones (una podría ser los términos enarmónico y equisonante), en música, como por otra parte sucede en el lenguaje literario, los términos poseen matices y exigen definiciones diferenciadas.

 

A veces hemos optado por denominaciones que, aun no siendo las más académicas, sí representan un mejor (al menos un común) entendimiento, sin que con ello induzcamos al error.

Por ejemplo, en no pocas ocasiones denominamos Nota a lo que, quizá más académicamente debería denominarse Figura.

Otro caso sería aquél en el que denominamos Sonido a lo que quizá, en un determinado caso, debiera ser  llamado Nota o incluso Tono. No es de extrañar, pues, que, según este razonamiento, utilicemos indistintamente Pentatónica o Pentáfona o Pentátona para referirnos a la escala de cinco sonidos.

Hemos optado por la denominación que mejor haya podido acercarse al sentido, entendimiento y comprensión deseables.

 

A la CH así como la LL las hemos considerado  letras separadas y ocupan, como tales, el lugar que en el orden alfabético les corresponde.

 

Hemos de reconocer, una vez más, que el fin con el que este diccionario ha sido escrito no es excesivamente ambicioso. Ha sido escrito para el aprendizaje de sus autores. Si, además de ellos, algún lector aprende algo, tanto mejor.

Los que no sepan de música pueden leerlo. Con un poco de suerte, a lo mejor, les entra la curiosidad de aprender. 

También pueden leerlo los que saben. Siempre es posible aprender, incluso de los errores de los demás.

 

En Música, como puede suceder en Matemáticas o en Astronomía, los niveles de conocimientos que las personas tenemos son relativos. Con independencia de la valoración de estos conocimientos, existen unos mínimos que, hipotéticamente, podrían ser exigibles. Así, entender en su más profunda acepción y aplicar hasta en sus últimas consecuencias el Teorema de Pitágoras o el Principio de Arquímedes no es cosa que esté o, incluso, deba estar al alcance de todas las personas, por más deseable que esto pudiera ser. Sin embargo, su planteamiento y las aplicaciones prácticas inmediatas sí pueden ser de uso común.

Este diccionario responde a esta teoría. Su nivel de conocimientos es relativo. Refiere una idea sustancial de las cosas de la Música, un nivel de contenidos que le debe ser propio a cualquier persona que desee los conocimientos básicos. Posiblemente no nos sea dado a todos conocer la formulación física del movimiento, pero lo cierto es que ello nos debe impedir saber que la tierra se mueve en torno al sol y no al revés.

 

Habida cuenta de la experiencia, recomendamos, a quien desee saber algo sobre algo, que se ponga a escribir un diccionario sobre ello. Es posible que no logre el mejor de los diccionarios, pero, con seguridad,  aprenderá muchísimo. Se lo podemos asegurar, por  experiencia.

 

Como ya hemos dicho, hemos expresamente eliminado de este diccionario gran cantidad de términos que, en muchos casos, eran utilizados en épocas pasadas, (muchos datan de la Edad Media). Son términos que ya no se usan, salvo en medios muy concretos y restringidos. Todos estos términos le conceden a la música un sabor arcaico, de muy dudosa utilidad. Hemos preferido mostrar una cara mucho más actual y real de la música como arte y como ciencia universales.

 

Curiosamente contradictorios resultan ser este arte y esta ciencia. Por una parte es difícil, por no decir imposible, inventar algo. Pero, por otra parte, cada cosa nueva que se hace es, sin pretenderlo ni aun desearlo, un invento. Cuando alguien, por ejemplo, se sienta delante de un piano es imposible que se sustraiga a la invención.

 

La justificación del título es fácil: sencillamente lleva el nombre que nos parecido más agraciado. Con él hace referencia y alusión a PIANO MASTER. Método de piano y armonía moderna.

Es fácil entender que se denomine de música y no de la música. Quizá, con más propiedad debería denominarse de música occidental y, posiblemente aún con más propiedad, de música de algunas partes de occidente.

Existen muchas músicas y no una sola música. Cierto es que la materia prima con que todas las músicas son elaboradas es la misma: el sonido. Sin embargo, la forma de tratarlo, desde los tres puntos de vista posibles para constituir música (melodía, armonía y ritmo) hacen de la música una ciencia y arte complejos y múltiples, permitiendo el nacimiento de muy variadas formas, sistemas y denominaciones a tan sólo unos kilómetros e incluso a tan sólo unos metros.

Lógicamente los Estados Unidos de América (alguna parte de los Estados Unidos de América), así como Europa y las Rusias (alguna parte de Europa y las Rusias), no son ni aun la síntesis de la MÚSICA. Lo cierto es que, aun siendo esto así, este diccionario no escapa al espíritu y la forma occidental de la música.

Tanto es así que, salvo raras excepciones, no podrán encontrarse en él términos que no pertenezcan a la jerga musical de occidente. Ello no quiere decir que no existan otras jergas. ¿Qué ha sucedido, qué sucede en  lugares tan sólo un poco más allá del estrecho de Gibraltar, por no hablar de China, Japón, o Malasia?

Quiere decir simplemente que este diccionario no se ocupa de ellas, no por falta de valor o interés, sino, sobre todo, porque nuestros conocimientos no soportarían el más elemental examen.

Es cierto que nada tan importante, a nuestro entender occidental, como la aparición y desarrollo del Jazz en el siglo XX. Nada tan trascendente, al menos, insistimos, desde nuestro entender occidental, como el siglo XIX en centro-europa.

En este sentido, cuando en este diccionario se alude, por ejemplo, y con carácter no excluyente, a la Edad Media, debe entenderse siempre Edad Media Occidental y, si se prefiere, Edad Media sur y centro-europea. Ello no quiere decir, insistimos, que no hayan habido otras culturas musicales. Solamente quiere decir que aquí no son consideradas, por un lamentable desconocimiento nuestro. Animamos al lector a que, como lo hemos hecho en más ocasiones, conozca y nos ayude a conocer, de forma científica, otras culturas musicales.

Siendo como es la música el más universal de los  lenguajes, es evidente, y salta a la vista que lo que en este diccionario se trata es una versión occidentalizada de la misma. En muchos casos llega a ser más restringida esta occidentalización y limita su dominio a los Estados Unidos, Italia, Francia, Alemania, Austria, España y poco más.

Suponemos que los medios de difusión occidentales han logrado borrar otros muchos lenguajes musicales que no sean los promocionados desde occidente.

Con o sin motivo, nuestra cultura musical es la única que entendemos como tal cultura. El resto de las culturas musicales son testimoniales, residuales, étnicas. Con o sin motivo, estas culturas no han logrado, salvo casos de modas muy puntuales y efímeras, disponer nuestra atención hacia ellas. Para mal, la música está dominada por la concepción occidental y este diccionario no escapa a este dominio.

 

 

 

 

ESTRUCTURA

 

Este diccionario gira en torno a varios centros de interés:

 

1.- LENGUAJE MUSICAL

 

Todos los términos del Lenguaje Musical que lo requieren son definidos, explicados e ilustrados, como muestra el ejemplo siguiente:

 

CORCHEA. Figura musical que dura la mitad de una negra.

No siempre las corcheas se han interpretado e interpretan de la misma  manera.

El siguiente ejemplo muestra distintas  formas de interpretar las corcheas, en diferentes estilos.

 

 

 

La música, como muchas otras ciencias, utiliza un lenguaje específico denominado, en este caso, Lenguaje Musical. Lamentablemente, este lenguaje procede, en muchas ocasiones, de tiempos muy remotos. Desconocemos si cuando ciertos términos se introdujeron en la jerga musical eran o no inteligibles para las mayorías menos cualificadas. Nos tememos que no. Posiblemente respondía más bien a los conocimientos e intereses de la gente culta, musicalmente hablando.

El hecho de que la música sea una ciencia no supone inevitablemente que su terminología haya de ser científica.

Nosotros somos partidarios de llamar a las cosas por su nombre pero, si ello es posible, por el nombre que sea más fácil y asequible.

Si un músico (musicólogo) quiere que su interlocutor no le entienda absolutamente nada, de no ser éste un experto, puede hacerlo. Ahora bien, si un  musicólogo quiere que su interlocutor le entienda, aun sin ser un experto, también puede hacerlo. Ese es nuestro método.

Que dos sonidos suenen igual, aunque su pronunciación o enunciado sea distinto, es perfectamente asumible, incluso por un  profano. Mucho más complicada es la equisonancia, y mucho más aún, la enharmonía.

En música, muchas cuestiones son difíciles de comprender, incluso para los expertos. Si, además, nos empeñamos en utilizar un lenguaje que las compliquen aún más, apaga y vámonos.

Otras muchas disciplinas, además de la música, podrían resultar mucho más fáciles y serían abordadas por mucha más gente, de no ser deliberadamente complicadas. Pues bien. Entendemos que esto no debe ser así. El experto tiene suficientes ocasiones de lucimiento, sobre todo si se dedica a investigar la manera de hacer fácil lo que ya de por sí es difícil.

Bien es cierto que el Lenguaje Musical ha evolucionado y está evolucionando sensiblemente en un afán, absolutamente necesario e imprescindible, de adaptarse a la tecnología musical, sobre todo la electrónica y la informática. Aún así, la cultura oficial va muy muy por detrás de las realidades musicales.

Bien es cierto que muchos términos del Lenguaje Musical, como explicaremos, han sido, después de definidos, eliminados de nuestra jerga, por no tener ninguna utilidad práctica. No obstante, otros términos permanecen aunque su denominación posea un más que dudoso sentido musical. Por ejemplo, armadura de la tonalidad, bien podría denominarse de manera menos belicista y más acorde con la música y los tiempos que corren. (Signos, accidentes, formalidad, forma, etc. etc.)

 

LA PAPELERA

 

Existen no pocos términos en este diccionario que, una vez definidos, llevan el siguiente icono: (una papelera pequeñita). Significa que son términos en desuso y que, conocidos, pueden ser «tirados» a la papelera ya que su uso resulta anacrónico y obsoleto. A este apartado pertenecen términos como Espineta, Fídula, Sacabuche, Serpentón, Letanía, Ite, Folía, Estampida, etc. etc.

Gran cantidad de estos términos son Formas Musicales que se emplearon antiguamente, pero que  hoy no tienen ninguna virtualidad (madrigal, giga, galop, gallarda, frottola......)

Otros mucho pertenecen a instrumentos que ya no se utilizan, salvo que no sea de una forma testimonial (flageolet, manicordio, zanfoña, saltarello.....)

Pero también hay términos que hacen referencia al Lenguaje Musical y que, o  bien no existe el objeto de la definición, (organum), o bien existe una definición actualizada (diesis)

 

 

2.  SOCIOLOGÍA DE LA MÚSICA

 

Entendemos por sociología de la música todos aquellos términos que, aun no perteneciendo específicamente al Lenguaje Musical o a cualquiera otra disciplina relacionada con la música, están tan íntimamente relacionados con ella que, sin su conocimiento, resultaría imposible entender ciertos aspectos estrictamente musicales. A este apartado pertenecen términos como Ars Nova, Romanticismo, Storyville, Calle 52 o Mujer.

 

 

3.  HISTORIA DE LA MÚSICA

 

La  Historia de la Música es tratada desde el punto de vista de la creación y la interpretación, ambas actividades en sus múltiples formas.

Así, consideramos tan reseñable y partícipe de la Historia de la Música a  Monteverdi o a J. S. Bach como a los Beatles, a Carmen McRae, a  Herbie  Hancock o a Miguel Ríos. Basta con que su arte y dedicación estén fuera de toda duda y tengan carácter universal.

 

Una Historia de la Música así considerada ha de ser forzosamente subjetiva. No porque tergiverse, trate de influir, propague de forma arbitraria, incida y destaque lo que a nosotros nos pudiera hipotéticamente interesar, con o sin verdad, en una palabra, manipule, sino porque, en la forzosa elección de quiénes conforman la Historia de la Música, cada diccionario ha de elegir a aquellas personas que en su mejor criterio mejor la conforman.

 

Cuando se trata a la música solamente desde el punto de vista musical, sin ninguna otra connotación extramusical, es decir, la música por la música, los hechos musicales por los hechos musicales, resulta difícil, por no decir imposible,  ser parcial o sectario.

Los intereses doctrinales no le van bien a la música. Siempre se ha resistido a ser guiada por otros lenguajes.

 

Cuando la música es así tratada da exactamente igual que el músico sea blanco, negro, hombre, mujer, chino, americano, fascista, comunista, católico, musulmán… da exactamente igual. Para nosotros es sencillamente compositor, pianista, baterista, saxofonista o lo que, musicalmente, sea.

Nadie, a no ser un racista, en el peor sentido de la palabra, si es que la palabra pudiera tener algún sentido mejor, nadie, decimos, se pararía a escuchar o rechazar la música de Benny Goodman o Herbie Hancock por el hecho de ser blanco aquél o negro éste.

 

¿A quién, musicalmente hablando, le puede importar que Palestrina o Antonio Soler fueran católicos?

¿Quién, escuchando la Suite Inglesa o la Novena Sinfonía se parará a pensar que J. S. Bach o Beethoven eran luteranos?

¿Quién discutirá la perfección de las obras de Mozart o Haydn por el hecho de que fueran masónicos?

¿Quién no se conmoverá con el saxo de Charlie Parker, la trompeta de Chet Baker o la voz desgarrada de Billie Holiday, después de saber que eran adictos a la heroína?

 

Cuando alguien, y, lamentablemente, aún a principios del siglo XXI los hay, habla del Jazz, despectivamente,  como música de negros, está cometiendo:

 

1.- Una tremenda injusticia social al adjudicar lo que, por inculto, entiende que es cosa de baja calidad, sencillamente no le gusta o, lo que es peor, aun gustándole y sabiendo que es de grandísimo valor artístico, lo desprecia porque no entra en su esquema cultural, político, cívico, religioso, etc.

 

2.- Una tremenda demostración de ignorancia, al adjudicar a los negros lo que realmente no es solamente de los negros, sino de todas las razas. Sería innecesario recordar aquí tantos monstruos del Jazz, negros, blancos, orientales, mestizos, etc, etc. La siguiente lista de nombres, con carácter no excluyente, pertenece a músicos de Jazz blancos:

Infinidad de pianistas como Bill Evans, Gil Evans, Horace Silver, Chick Corea, Michel Petruchianni, Joe Zawinul, Keith Jarrett, Dave Brubeck, Lennie Tristano, Django Bates, Stan Kenton, Henry Ragas, Elian Elías,  etc, etc.

Bateristas como Gene Krupa, Johnny Outha Stein y Tony Sbarbaro.

Saxofonistas como Frankie Trumbauer, Tommy Dorsey, Gerry Mulligan, Ruby Braff, Lee Konitz, Stan Getz, Jan Garbarek, Art Pepper, Paul Desmond, Joe Lovano, Michael Brecker.

Clarinetistas como Benny Goodman, Artie Shaw, Jimmy Dorsey, Jimmy Giuffre. Alcide Yellow Núñez o Larry Shields.

Cantantes como Judy Garland, Diane Schuur, Anita O/Day  o Diana Krall.

Trompetistas como Bix Beiderbecke, Chet Baker o Dominic La Rocca.

Guitarristas como Django Reinhardt, John Mclaughlin, Pat Metheny, Billy Bauer o Eddie Condon.

Contrabajistas como Charlie Haden o Eddie Safransky.

Trombonistas como Edwin Eddie Edwards.

 

3.- Un enorme desconocimiento del desarrollo cultural del siglo XX, sobre todo, precisamente en occidente y, con independencia de los Estados Unidos, en América y Europa.

 

Aún así, elegir hay que elegir y, lógicamente, el criterio de elección no ha de ser el mismo para todo el mundo, sin que para nada tenga que influir en la decisión el gusto personal. En este caso, desde luego, no ha influido.

 

La relación de músicos podía ser otra. Como inevitablemente ha de ser una, ésta es la que nos ha  parecido la mejor.

 

La parquedad con la que, en la inmensa mayoría de los casos, hemos tratado a  los músicos, como sujetos de la historia de la música, nos ha impedido entrar en aspectos de tipo biográfico u otros que, con seguridad, aportarían una visión mucho más amplia y completa de los aspectos puramente musicales. Hemos resistido a la tentación para ser consecuentes con nuestro deseo de que el diccionario no se convirtiera en una obra voluminosa.

No cabe duda de que las anécdotas que rodean la vida de Robert Schumann o Louis Armstrong tienen mucho que ver con que su estilo de hacer música fuera el que fue y no otro.

Sin embargo, nosotros no, pero el lector sí puede paliar esta deficiencia tratando de conocer más que su vida su música.

 

Pedimos disculpas a todos aquellos, seguramente grandiosos músicos, que se han quedado fuera de esta convocatoria.

A todos ellos, cientos, miles de músicos, que aquí no figuran, les queremos rendir el mejor de los tributos que se nos ocurre: Gracias por la música.

La música no es de quien de ella se sirve sino de quien a ella sirve,  como el deporte no es de quien gana, sino de quien juega.

 

Al lector le queremos hacer una recomendación:

La mejor manera de saber quién es un músico es oír su música.

Oigan todo lo que puedan de todos los músicos que aquí figuran, así como de los que no figuran. Será la mejor forma de crearse su propio criterio que, artísticamente, no puede ser otro que el del gusto personal.

 

Hemos tratado conscientemente de ofrecer abundante información sobre intérpretes del saxo, sin detenernos mucho en si se trata de saxo tenor, barítono, soprano, alto, bajo, etc.

Nos parece un elemento destacado como intérprete de la melodía, una de las tres connotaciones esenciales de la música. (Podríamos, quizá, haber elegido el violín, el clarinete u otro instrumento, pero hemos elegido el saxo)

 

Otra de las connotaciones de la música es la que, armónicamente, los pianistas desarrollan, como actividad indisociable de la creación. Sobre ellos existe, igualmente, abundante información.

 

Por fin, y sin que ello suponga descuido de otras actividades, los bateristas, en cuanto portadores de ritmo, gozan de un amplio espacio.

 

Una gran parte de los nombres de los músicos que en este diccionario figuran no corresponden realmente a sus propios nombres. En muchos casos son pseudónimos que ellos mismos han adoptado.

Así, encontraremos el nombre de MEZZROW, Mezz  y no el de MESIROW, Milton, que era su auténtico nombre.

En otros casos, respetando el apellido, abrevian sus nombres, como es el caso de Russ Freeman (Russell Donald Freeman)

En otros son conocidos por sus apodos, como son los casos de SATCHMO o  BIRD

 

Nuestro procedimiento para identificarlos es el siguiente:

 

1. Figurará siempre por el nombre por el que artísticamente es conocido. Así, Edward Kennedy figurará como ELLINGTON Duke, nombre por el que todo el mundo reconoce al pianista y director de orquesta.

 

2. Cuando, como en el caso anterior, o en el caso de MONTOLIU, Tete (Vicente)  sea un sobrenombre y no su auténtico nombre, lo distinguiremos con un subrayado.

 

3. Finalmente, si su apellido es el usado en este diccionario y su nombre abreviado, sencillamente  haremos figurar su apellido en letras negras, cursivas y mayúsculas, mientras que su nombre lo destacaremos en letras negras y cursivas, pero minúsculas.  Por ejemplo  ALEXANDER, Monty. 

 

 

4.  ACÚSTICA

 

Tratamos en este apartado, como su propio nombre deja deducir, todo lo relativo al sonido desde el punto de vista físico, tanto por lo que se refiere a la producción como a la propagación, así como a la recepción.

 

En cualquier caso tratamos de evitar tecnicismos que estarían fuera del objetivo de este diccionario, para, allí donde es posible, vincular  la definición  a los aspectos artísticos o, en todo caso, científicos, del Lenguaje Musical.

Así, por ejemplo, el término INTERVALO, podría, legítimamente, ser considerado exclusivamente desde el punto de vista de la acústica, ya que, en su origen, se trata de una medición física del sonido.

Sin embargo, por tratar de ser consecuentes con lo que acabamos de decir, no ha sido considerado exclusivamente, aunque también, por sus connotaciones físicas, sino, y sobre todo, por las consecuencias que estas connotaciones tienen sobre el arte de la música.

Otros casos existen en los que no es posible extraer conclusiones artísticas.

Del  término  Cent, por ejemplo, no se pueden extraer, a primera vista, excesivas correspondencias artísticas. Es un término típicamente relativo a la acústica musical o, en todo caso a la electrónica musical, otro de los epígrafes de este diccionario.

 

        

5.  INFORMÁTICA MUSICAL

 

Todos los procedimientos o sistemas informáticos puestos al servicio del músico utilizan un lenguaje propio. Este diccionario incluye la terminología de todos estos procedimientos.

En la medida en que evolucionan los sistemas evoluciona también su lenguaje. Hoy por hoy, la terminología necesaria para entenderse en informática musical se encuentra en este diccionario no como apéndice o anexo, sino dentro del propio concepto de  Lenguaje Musical al que, por derecho propio, pertenece.

 

6.  FONOTECA

 

Nos gustaría que cuando alguien se acerque a un término pudiera ubicarlo no solamente en el tiempo y en el espacio, cosa que debería conseguir con alguno de los epígrafes anteriores, sino que además pudiera ubicarlo en el oído.

El término gregoriano, por ejemplo, creemos, queda suficientemente definido en aquello que le es esencial:

 

GREGORIANO. Canto gregoriano.

Repertorio de melodías creadas por la Iglesia Católica Romana. Su origen se sitúa en los primeros siglos de la era cristiana y se debe al papa San Gregorio.

El canto gregoriano consistía en dos tipos de melodías. Uno destinadas a las distintas partes de la misa, el Gradual y otro, destinadas a otras celebraciones u oficios, el Antifonario. (Dos grupos cantores se responden alternativamente)

 

El gregoriano nace de la necesidad de unificar el canto en el seno de la iglesia católica. Esta unificación del canto religioso se difunde rápidamente por toda Europa, aunque de forma desigual. Mientras que en países como Francia o Alemania logra implantarse sin dificultad, en otros lugares como Milán y, sobre todo España, encuentra muchas dificultades al encontrarse muy arraigadas otras formas como el canto ambrosiano en Milán y el canto mozárabe en España.

 

El canto gregoriano perdura de forma total e inalterada durante toda la Edad Media. Sólo al final de ésta, se ensaya una reforma o, más bien, acomodación a los tiempos.

Esta pretendida reforma, llevada a cabo por Palestrina y Zoilo, a raíz del Concilio de Trento, venía motivada por la influencia cada vez más creciente de las formas polifónicas y la música mensural, formas musicales en franca oposición al canto gregoriano.

 

A mediados del siglo XIX se produce, o al menos se intenta, una restauración del canto gregoriano. Esta restauración la inician los monjes del monasterio de Solesmes y la culmina  Pío X.

El Concilio Vaticano II marca el final de una tradición por lo que se refiere a los textos, al establecer el uso sistemático de las lenguas vernáculas en el culto católico, en detrimento del latín, lengua para la que el canto gregoriano fue creado.

 

Desde el punto de vista exclusivamente técnico, el canto gregoriano instituye sus propias normas con respecto a la melodía, la medida, la modalidad y el texto.

 

La melodía, en su conjunción con el texto, se realiza de tres maneras:

El sistema silábico hace coincidir cada sílaba del texto con una nota.

En el sistema neumático, cada sílaba se conjuga con un pequeño número de notas.

En el sistema melismático a cada sílaba le corresponde un grupo amplio de notas.

El canto gregoriano concede todo el interés de la frase musical a una sola voz (monodia), por oposición a la polifonía, que concede igual importancia a varias voces.

El canto gregoriano no prevé una forma definida de medir los tiempos, aunque sí un cierto tipo de ritmo, logrado mediante la acentuación de determinadas notas. Se trata de una música no mensural.

La modalidad, es decir, el sistema estructurado de tonos y semitonos, responde a la adopción de los antiguos modos griegos, denominados, ahora, modos gregorianos o eclesiásticos.

El texto responde al culto católico y su idioma es el latín.

 

Obviamente, si alguien desea una mayor información técnica o un estudio más profundo sobre este término, deberá recurrir a manuales especializados, que los hay, ya que no es propósito de este diccionario.

Lo hemos ubicado en el tiempo y en el espacio. Hemos expuesto, sucintamente, el fondo y la forma del mismo.

Ahora bien.

Algo quedaría para llegar a un conocimiento más ajustado, real y práctico del canto gregoriano: oírlo.

 

Mire: El Dixieland Style es una música de ritmo sincopado.

Ah! Muy bien, pero qué más.

Bueno: su característica principal es la improvisación.

Ah! Eso es estupendo, pero qué más.

Eh ...!: improvisación colectiva, claro!

Ah, increíble!, pero qué más.

Mire!: improvisación colectiva de tres instrumentos: el trombón, la trompeta y el clarinete! Ah! En ese caso ya ...

Me temo que le será imprescindible oír alguna canción de la Creole Jazz Band de King Oliver o los Hot Five de Louis Armstrong para poderse hacer una idea exacta de qué es el Dixieland Style.

 

 

Este apartado de la FONOTECA lo que trata de hacer es justamente eso: recomendar la audición de pasajes, obras, parte significativas de todas aquellas músicas y todas aquellas formas musicales que en el diccionario se sugieren.

Las recomendaciones no dejarán de ser eso: recomendaciones.

Sabemos que es una cuestión muy delicada. Los gustos pueden ser, y de hecho son, tan variados como obras pueden existir de un mismo estilo.

 

Si, por ejemplo, hablamos de Swing, con independencia de su conocimiento teórico, creemos que lo mejor, para fijarlo, sería escuchar una obra de una de las muchísimas orquestas norteamericanas de los años 30.

Dilucidar sobre la más genuina y representativa sería misión imposible. Las orquestas de Stan Kenton, Woody Herman, Glenn Miller, Artie Shaw, Paul Whiteman, Count Basie o Benny Goodman, etc. etc., son todas ellas absolutamente representativas y recomendables. Escuchando a cualquiera de ellas se fijará ineludiblemente el Swing que todas ellas poseen.

 

Este trabajo de FONOTECA lo haremos con muchísimos términos, tantos como aspectos esenciales, periodos, estilos, instrumentos, formas, etc. etc. de la música sean tratados.

 

A título no excluyente recomendaremos audiciones de músicas con términos como:  Aleatoria – Anatole - Antigua – Arabesco – Aria – Arpa – Bacalao – Bailable – Balada – Bandurria – Banjo -  Barroca -   Batería – Bebop – Blues – Bolero - Boogie Woogie -  Bossa – Broadway – Cantata – Cantautor – Cine -  Clarinete - Clave – Clasicismo – Concierto – Contrabajo -  Cool Jazz -  Coral -  Corneta – Cortesana – Country – Cuarteto – Cumbia - Descriptiva – Dixieland–Jazz – Dodecafonismo - Dramática -  Escolástica - Espiritual - Estocástica - Estudio – Expresionismo  - Fado - Fagot - Fandango -  Flamenco -  Flauta - Foxtrot - Free Jazz - Fuga - Fusión – Galante -  Gospel -  Gregoriano -  Guitarra  - Habanera – Hard – Bop - Himno - Honky Tonk – Impresionismo -  Impromtu  - Infantil - Instrumental - Jazz – Laúd -  Lied - Ligera - Litúrgica – Mainstream  Jazz - Mambo - Manierismo – Marimba - Mazurca – Melodrama  -  Merengue - Messangers - Midle Jazz - Militar - Milonga - Misa - MJQ - Modernismo – Mozárabe -  Nacionalismo - Neoclasicismo - New Way - Nocturno  - Ópera - Oratorio - Oriental - Pasodoble – Piano -  Polifonía - Pop - Postromanticismo – Programática -  Ragtime - Rap - Religiosa - Renacimiento - Rhythm  and Blues - Riggae - Rock and Roll - Rococó - Romanticismo - Rumba - Salsa -  Samba – Saxofón -  Serial - Simbolismo - Sinfonía - Sonata – Soul -  Soul Jazz - Suitte - Swing - Tango - Third Stream – Tocata -  Tradicional - Trombón - Trompeta – Tuba -  Vanguardista - Variación - Vibráfono - Villancico - Voz -  West Coast Jazz - Xilófono - Zarzuela.

 

 

BIBLIOGRAFÍA

 

En música está casi todo escrito y a la vez está casi todo por escribir. Este diccionario, ni dice nada que no esté dicho, ni, lo que es lo mismo, pero más grave, no dice nada que falte por decir, a pesar de que es mucho.

 

Sin embargo, y a pesar de todo ello, ha habido que consultar no pocos diccionarios, no pocos libros de otro tipo, no pocas revistas, no poco internet, no pocas películas y, sobre todo, no poco lenguaje común, en la calle, en las salas de ensayo, en los conciertos, en las discotecas, en la radio, en la televisión, en los periódicos, etc.

 

El primero de los diccionarios consultados, curiosamente, no de música, ha sido el Diccionario Ideológico de D. Julio Casares.

No podía imaginar el Sr. Casares el enorme servicio que iba a prestarnos. Las palabras que siguen son suyas:

 

“No es lo más urgente   - decía yo en 1.921-  siquiera sea muy útil para determinados fines, disponer de un libro que nos enseñe a comprender lo escrito o entender lo escuchado. Lo verdaderamente necesario, lo que todos echamos menos a cada paso es un procedimiento mediante el cual se faciliten las operaciones activas del lenguaje, algo que, cuando llegue el caso, nos ayude a hablar, a escribir y también a pensar…”

 

Hemos sostenido siempre que los problemas de entendimiento y comprensión, en la inmensa mayoría de los casos, no son problemas específicos sino problemas genéricos del lenguaje.

La terminología musical no está exenta de esta particularidad.

 

Lo primero que nos propusimos, pues, fue solucionar los problemas de lenguaje.

Es evidente que el conocimiento lingüístico de las palabras síncopa, tético, acéfalo o anacrúsico facilitará el entendimiento de su significado en el Lenguaje Musical.

La ayuda de este diccionario ha sido, pues,  muy estimable.

 

Otros varios diccionarios específicos se han manejado, entre ellos el de Don Randel, Grove, Mariano Pérez, Valls Gorina, etc. Todos ellos tienen sobradas referencias en éste.

Una referencia obligada y muy muy especial a Carlos Sampayo y Federico González, así como a Philippe Carles, André Clergeat y Jean-Louis Comolli, autores del Diccionario del Jazz de Anaya & Mario Muchnik.

 

Ángel Blázquez

Cristóbal Delgado

 

 

 

 

 

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